La humanidad tiene una habilidad de reinventarse para mal, con sus clásicos vicios de perjudicar al prójimo. Resulta que ya se nos ocurrió sabotear los cultivos del enemigo, enviando semillas de plantas con características peligrosas para los vegetales nativos; creando así un peligro para los intereses del estado victimado. Imaginemos un hipotético escenario de pesadilla, un país poderoso que se ve a lo lejos, erigido orgulloso, ostentoso, con un control notable de su destino. A la distancia, Otra nación poderosa, ávida de extender sus fronteras tan lejos como sea posible, con el deseo de gloria y poder que impulsan los grandes proyectos. Sociedades separadas por un mundo de distancia, pero enlazadas por artes de la globalización, que todo lo acerca, que todo lo une, que marca la existencia de una sociedad interconectada. Las posibilidades tecnológicas y las capacidades logísticas de la época permiten a casi cualquier organización movilizar un pequeño proyecto,...
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